Lacan y la psicosis

Caos y otros sucesos

Lacan y la psicosis

Desde el inicio de su formación, Lacan se interesó por la psicosis y por lo que ella enseña. Si bien su enseñanza empieza en 1953, desde los comienzos de su práctica presenta un especial interés por la singularidad del discurso y los detalles enunciados por los pacientes que entrevistaba.

En 1972, en Milán, recuerda: “Yo había cometido el error de ver lo que puede ser lo que se llama un psicótico. Hice mi tesis sobre eso: ‘De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad’. ¡Escándalo! Eso producía un verdadero efecto de horror”.[1] Y allí, Lacan no retrocedió.

Su interés por las hermanas Papin y sus primeros escritos sobre psicosis dan cuenta de un Lacan psiquiatra en el que podemos leer las pistas de su posición ética respecto de la singularidad y el respeto absoluto por la palabra de los pacientes.

En 1972, refiriéndose a su trabajo con Aimée, afirma: “… cuando hice este trabajo en 1932 […] procedí con un método que no es sensiblemente distinto de lo que hice después. Si se relee mi tesis, vemos esta especie de atención dada a eso que fue el trabajo, el discurso de la paciente, la atención que le presté es algo que no se distingue de lo que pude hacer después.”.[2] Lacan se deja enseñar, no retrocede ante la psicosis, apuesta a un tratamiento posible y a la localización de detalles que dan cuenta de las respuestas singulares de cada parletre.

La psiquiatría clásica y una operación de lectura lacaniana

El trabajo realizado por los psiquiatras clásicos ha sido un aporte fundamental en la enseñanza de Lacan, del cual extrae la riqueza de la semiología y se aleja de su etiología orgánica. Las formulaciones freudianas le permitieron leer en la semiología psiquiátrica la estructura significante que parasita al ser hablante, situándolos en el campo del lenguaje. En esta línea se destacan las nociones que aísla de De Clérambault, a quien reconocía como su maestro en psiquiatría, de Jaspers, Guiraud, Séglas, entre otros.

Lacan se sirve de dichas teorizaciones y traza un camino con una orientación precisa, el retorno a las elaboraciones freudianas, las cuales le permiten situar la fenomenología de la psicosis en el registro de la palabra. En esta dirección afirma:

Si muchos de estos episodios de la historia de la psiquiatría son instructivos, es quizá mucho más por los errores que destacan que por los aportes positivos que resultaran de ellos. (…) Será necesario que tomemos algún atajo para tratar de llegar al corazón de lo que está en juego. Vamos a hacerlo siguiendo los consejos de Freud (…).[3]

Y avanza un paso más, en la perspectiva de su retorno a Freud y la enunciación freudiana, la cual había sufrido una “degradación” enmarcada en los desarrollos de los posfreudianos. Entonces señala: “¿cómo abordar lo nuevo que aportó el psicoanálisis sin recaer en el camino trillado por un atajo diferente, multiplicando los yo, a su vez diversamente camuflados? El único modo de abordaje conforme con el descubrimiento freudiano es formular la pregunta en el registro mismo en que el fenómeno aparece, vale decir en el de la palabra. El registro de la palabra crea toda la riqueza de la fenomenología de la psicosis”.[4]

Lacan realiza una operación de lectura al abordar los aportes propuestos por los psiquiatras clásicos y las concepciones freudianas. La fineza de los detalles de la semiología de la psiquiatría francesa, así como el recorte que Lacan hace de algunas nociones constituyen un aporte valioso para nuestra práctica actual, en la que nos encontramos con sujetos que presentan sutiles signos discretos que dan cuenta de su respuesta subjetiva ante lo real.

En “Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria” Miller enfatiza la importancia de la psiquiatría clásica en el diagnóstico. Afirma: “No deben decir simplemente que es una psicosis ordinaria, deben ir más lejos y encontrar la clínica psiquiátrica y psicoanalítica clásica”.[5]

Desde esta perspectiva, tomaré dos nociones que aísla Lacan y que nos servimos de ellas: el automatismo mental de De Clérambault y las alucinaciones verbales motrices de Séglas.

La extracción de la noción de automatismo mental de Gaëtan Gatian de Clérambault y su aplicación al campo del psicoanálisis, bajo la conceptualización del fenómeno elemental, es desarrollado por Lacan en el Seminario 3 y en el escrito “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”.

En 1955, en la primera clase de su seminario Las Psicosis, realza el trabajo de De Clérambault y el valor clínico de sus observaciones, afirmando que “aportó cosas preciosas nunca vistas antes y nunca retomadas después […]. En una palabra, en el orden de las psicosis, Clérambault sigue siendo absolutamente indispensable”[6].

Las menciones a su maestro en psiquiatría se sitúan en el inicio y en el final de su enseñanza. En el Seminario 24, retoma el automatismo mental, destacando el valor de la lectura que introduce su maestro.

En el Seminario 3, la referencia al modo en que se imbrican las nervaduras de la hoja de una planta[7], refleja la relación entre el detalle y la estructura, permitiendo situar con precisión que la lectura de los fenómenos elementales nos brindan una pista para orientarnos respecto de la estructura.

Otro aporte fundamental lo constituyen las alucinaciones verbales motrices de Jules Séglas. En el Seminario 3, Lacan se refiere a la “pequeña revolución” que implicó registrar que la alucinación auditiva no tenía su fuente en el exterior. Afirma: “Saben el tiempo que tomó percatarse de lo que sin embargo es a veces totalmente visible, a saber, que el sujeto articula lo que dice escuchar. Fue necesario Séglas y su libro Lecciones clínicas. Por una especie de proeza al inicio de su carrera hizo notar que las alucinaciones verbales se producían en personas en las que podía percibirse (…) que ellos mismos estaban articulando, sabiéndolo o no, o no queriendo saberlo, las palabras que acusaban a las voces de haber pronunciado. Percatarse de que la alucinación auditiva no tenía su fuente en el exterior, fue una pequeña revolución”.[8]

La percepción es leída dentro del campo del lenguaje, y en esta línea, veinte años después se pregunta “¿cómo es que todos nosotros no percibimos que las palabras de las que dependemos nos son, de alguna manera, impuestas?”[9], situando que la palabra impuesta es algo del orden de lo sensato. Leer esos fenómenos requiere de la presencia del analista para poder aislarlos.

No comprender

Volvamos al Seminario 3, en el que Lacanafirma que “el progreso principal de la psiquiatría desde la introducción de ese movimiento de investigación que se llama el psicoanálisis, consistió, se cree, en restituir el sentido en la cadena de los fenómenos. En sí no es falso. Lo falso, empero, es imaginar que el sentido en cuestión, es lo que se comprende. Lo nuevo que habríamos aprendido, se piensa en el medio ambiente de las salas de guardia, expresión del sensus commune de los psiquiatras, es a comprender a los enfermos. Este es un puro espejismo”.[10]

En el diálogo con los pacientes, la posición de Lacan es la de dejarse enseñar, situando el saber en el paciente, sin sucumbir al engaño de la “comprensión”. Advertido, desde el inicio que un significante en tanto tal no significa nada…[11], casi tres décadas después afirma que “no hay un significante cuya significación esté asegurada”[12].

Tal como subraya en la “Apertura de la Sección Clínica”, “en el diccionario hay un cierto número de palabras, pero que no alcanzan a dar cuenta del uso de la lengua”.[13] Desde esta perspectiva, le pregunta a Primeau por qué llama palabras impuestas[14] a esas palabras que dice que se le imponen y que diferencia de las propias reflexiones e invita a hablar a la señorita B, afirmando que nadie puede decir mejor que ella lo que le sucede.

La localización de los detalles y el respeto absoluto de la singularidad recorren toda la práctica de Lacan, desde sus comienzos hasta el final.

Para finalizar

La posición de Lacan en su retorno a Freud, respecto de no retroceder ante la psicosis ha sido una orientación crucial que marcó la apertura y consolidación de una práctica eficaz y posible respecto de la aplicación del psicoanálisis al campo de las psicosis.

Dichas conceptualizaciones constituyen, en la actualidad, una herramienta fundamental en el abordaje y tratamiento de las nuevas formas de presentación de las psicosis actuales. En esta época, gran variedad de las presentaciones de las psicosis se manifiesta bajo signos sutiles y discretos, requiriendo por parte del psicoanalista una lectura precisa y fina para localizar los fenómenos que permiten realizar un diagnóstico y orientar un tratamiento. Así, el deseo del analista, habilita una lectura que no se dirige al discurso común, sino que apuesta a captar la singularidad en el decir de cada ser hablante.


NOTAS

  1. Lacan, J. “Del discurso psicoanalítico” Conferencia en Milán del 12 de mayo de 1972. Inédito.
  2. Lacan, J. (1970): “Aporte del psicoanálisis a la semiología psiquiátrica” (“Exposición en lo de Daumezon”). Inédito.
  3. Lacan, J. (1955-56). El seminario. Libro 3: Las Psicosis. Buenos Aires: Paidós, 1995, p. 40-41
  4. Lacan, J. Seminario 3
  5. Miller, J-A. “Efecto retorno…”
  6. Lacan, J, Seminario 3, p. 14.
  7. Lacan, J. Seminario 3, p.33
  8. Lacan Seminario 3 p.39
  9. Lacan, J. (1975-1976). El Seminario. Libro 23: El sinthome. Buenos Aires: Paidós, 2006, p.93
  10. Lacan, Seminario 3, p.15
  11. Lacan, J. Seminario 3
  12. Lacan, J. Conferencia de Milán
  13. Lacan, J., “Apertura de la Sección Clínica”, En: Ornicar? 3. Barcelona: Petrel, p.43
  14. Lacan, J., (1976) “Una psicosis lacaniana”. El analiticón Nº1. Barcelona. Correo/Paradiso. 1986.
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